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domingo, marzo 25, 2007

La biografía de Morihei Ueshiba - por Kanemoto Sunadomari Parte II

Capítulo Uno: Infancia y adolescencia. El Clima de Kishu

El aparentemente infinito océano pacífico, donde la Kuroshio (Corriente del Japón o Corriente Negra) baña las tierras de la península de Kii, revela muchas caras. El mar alterna entre la tranquilidad absoluta y la violencia de una corriente rápida. Las montañas junto a la costa son empinadas y están unidas a la cadena montañosa que se dirige tierra adentro. Aunque soleada y moderadamente calurosa, la región de Kii posee unas características naturales bastante severas.

El distrito conocido con el nombre de Kumano, ha tenido muchas leyendas y es depositario de muchos archivos históricos preservados a lo largo de los siglos. En el segundo libro más antiguo sobre nuestra historia, el “Nihon Shoki”, consta la expedición oriental realizada por el Emperador Shinmu a través de esta región. Shinmu fue el ancestro de la familia imperial, considerada como el símbolo del pueblo japonés. Según el Nihon Shoki, Shinmu partió de Hyuga e intentó entrar en Honshu por el mar interior, desde el puerto de Naniwa.
Sin embargo, como la ruta era muy ardua y no tuvieron éxito en la batalla, Shinmu cambió su ruta y se dirigió a Kumano, rodeando la península de Kii, penetrando luego en Japón.

También solía existir un pueblo llamado “En no Gyoja” (devotos ascetas), localizado en las profundidades de una montaña en Kishu, del cual se dice que eran capaces de volar libremente y estaban poseídos por poderes ocultos o algún tipo de misterioso poder divino más allá de la creencia de los humanos corrientes. Más tarde se creyó que algunos de ellos ascendieron al Cielo en su forma corporal.

La catarata Nachi en Kumano, Kishu fue conocida durante mucho tiempo como el nido de los ocho grandes reyes de los dragones, la morada de la Deidad Dragón. Aun hoy en dia el santuario de Kumano, consgrado a las deidades ancestrales así como a la Deidad Dragón, es visitado regularmente por devotos. El Satuario de Kumano tiene muchas delegaciones que son frecuentadas por fieles del pueblo, y las deidades a las que se consagran son conocidas por gobernar al viento y a la lluvia.

En el distrito de Kumano abundan los lugares con semejantes moradas espirituales. De entre ellos destacan tres montañas famosas por el “Gongen Sama” (el avatar de Kumano), que atraen peregrinos de fuerte fe y a ascéticos. En la parte noroeste de Kumano, situado cerca de los famosos manantiales calientes, se encuentra el pueblo de Tanabe, anidado en la costa. Este es el lugar de nacimiento de un incomparable y auténtico hombre del budo, Morihei Ueshiba, el fundador del Aikido.

Cada año, durante la cosecha de otoño, tiene lugar un festival en el santuario de Kumano, donde un “mikoshi” (palanquín sagrado) decorado con flores artificiales rojas y blancas es portado en procesión para esta ocasión. Durante el evento, las flores son lanzadas a la multitud de devotos reunida. Se cree que si una persona es alcanzada por una flor blanca, el o ella serán bendecidos con un buen hijo.

Antes del nacimiento de Morihei, su padre fue tocado por una de estas flores blancas. Es por eso que, al nacer su hijo él y su mujer, rebosantes de alegría, dijeron que el niño había sido “enviado por el santuario de Kumano”. Además, al ser Morihei su primer hijo, lo educaron con gran cuidado y afecto.

Morihei no era diferente a otros niños. Jugaba junto al mar y corría por las montañas bajo el brillante sol de su región. Aun así, se dice que, al ser Morihei su único hijo y como era relativamente pequeño y de apariencia débil, sus padres le dedicaron una cantidad inusualmente importante de atención.

A principios del periodo Meiji, los niños de las áreas rurales iban a pequeñas escuelas administradas por los templos locales conocidas con el nombre de “terakoya”, para aprender a leer, escribir y aritmética usando el ábaco. No había muchas áreas que dispusiesen de una escuela elemental básica o de educación superior.

A la edad de cinco años, un erudito empezó a instruir a Morihei en los “Yonsho Gokyo” (Cuatro Libros, Cinco Enseñanzas), así como en estudios japoneses y chinos. Cuando alcanzó la edad de trece o catorce años tenia un nivel lo suficientemente avanzado como para enseñar a otros estudiantes. Aun así, y debido a la ya antes mencionada debilidad física de Morihei, abandonó el instituto un año después de haber entrado en él.

Debido a su condición física, distaba mucho de ser un niño travieso. Era un sujeto tranquilo y calmado. Algunos pensaron que sufría algún tipo de enfermedad, pero era solo que era un chico un tanto nervioso. Sin embargo, parecía tener un algo especial y sus ojos eran claros y solemnes. Tales rasgos podrían haber transmitido una sensación de hostilidad a los otros niños, según su hermana pequeña Kiku.

El joven Morihei enseñaba el uso del ábaco a niños y adultos del vecindario. Era un experto en aritmética y matemáticas, así como muy aficionado a los libros sobre dichos temas. Aunque abandonó el instituto un año después de haber ingresado en él, fue un chico muy motivado y continuo su educación de una forma autodidacta hasta un nivel bastante avanzado.

Su hermana Kiku fue a una escuela para mujeres y más tarde se graduó en el programa nocturno de una universidad para maestros, dedicándose más tarde al campo de la educación. También ella era buena con las matemáticas. Cuando volvió a Tanabe en las vacaciones de verano, le sorprendió encontrar montones de libros y notas en el cuarto de su hermano. Según ella, versaban sobre matemática avanzada como algebra lineal y cálculo entre otros temas, que se encontraban más allá de su comprensión. Kiku cuenta haber visto muchos libros especializados en física, química y otras ciencias avanzadas.

Entorno y Habilidades Heredadas

Cuenta la leyenda que tres niños se aparecían en la montaña Tenjin, cerca de la casa de Ueshiba en Tanabe. El joven Morihei soñaba a menudo con los tres niños, y recuerda que siempre que se encontraba en problemas le echaban una mano. Sus vecinos y padres pensaban, que como nadie más tenia esas visiones, que a lo mejor Morihei estaba poseído por los tres niños divinos.

Morihei, todavía ahora, a la edad de ochenta y seis años (a la fecha de publicación de este libro), aun sueña de vez en cuando con los tres niños.
Cerca de la montaña Tenjin existia una colina conocida con el nombre de la Montaña Yoru. La vieja carretera de Kumano atravesaba esa colina y fue usada durante muchas generaciones de emperadores en el pasado para visitar el santuario de Kumano.

Existía una creencia en el distrito de Tanabe que decía que todas las deidades de Japón se reunían en el área de Izumo en el mes de octubre del calendario lunar o “Kannazuki” (mes de ausencia de las deidades). Se dice que el avatar de Kumano también iba a Izumo a través de esta carretera.

Un día, cuando el joven Morihei estaba bañándose en su patio, un vecino llamado Morii le visitó para hablar. Aquel día, la cima del Monte Yoru parecía estar en llamas. Morii le dijo: “Esa luz se llama shiranui (fuego desconocido), y arde cuando el avatar de Kumano pasa por ahí”. En ese momento el joven Moriehi salío de su bañera de un salto y oró reverentemente a ese shiranui.

El avatar de Kumano fue inicialmente santificado en Kyoto. Después fue llevado a Gogendaira de Tobita en Suwano, conocido ahora por el nombre de Motokumano. Más tarde fue trasladado a la cima de una montaña en una remota isla a cuatro kilómetros del puerto de Tanabe. Como Kompira-Gongen (deidad del mar) atraía a muchos devotos, sin embargo, el mar era tan violento en esa que zona volvió a ser trasladado a otros tres sitios diferentes. Se cree que este es el origen de las Kumano Sanzan (las tres montañas de Kumano: Machi, Shingu y Hongo).

Kinokuniya Bunzaemon, quien se convirtió en un gran comerciante (Nota del traductor: Kinokuniya Bunzaemon fue un magnate del periodo Edo que acumuló una gran riqueza dedicándose al comercio. Llegó a convertirse en uno de los comerciantes más importantes de la época en menos de 10 años), era también de Kishu. Siempre se ha dicho que el entorno de tu ciudad natal influye enormemente sobre tu vida. Si tenemos en cuenta que el joven Morihei creció en un entorno con un marco tan rico en mitología y folclore, el desarrollo de su personalidad nos resulta natural. La marina Kuki, uno de los grupos de piratas japoneses del siglo catorce (llamado Wako), que navegaban los peligrosos mares desde el Mar de la China Oriental hasta el Pacífico Sur, también tenían su base en Kishu. El hecho de que Kinokuniya Bunzaemon arriesgase el envío de mandarinas a Edo (actualmente Tokio) a pesar del peligro que entrañaba la ruta marítima, convirtiéndose en un hombre rico en el proceso, tiene que tener algo que ver con el entorno de Kishu, las montañas de Kumano y la corriente de Kumano.

El joven Morihei debió sentirse inconscientemente inspirado a ser ambicioso y tener éxito, a través de las historias que oía de niño.

Cuando se trasladó a Tokyo con la ayuda de sus familiares que vivían allí, tenía la vaga idea de convertirse en comerciante. Veremos este hecho más adelante. Parece que existía algo así como una vocación o un talento. La gente sigue el camino que más les conviene. Así como un brote de pino está destinado a convertirse en un árbol, lo mismo vale para un brote de cerezo o un brote de ciruelo. Esa es su posición innata. A medida que crecen, más manifiesta se vuelve esta. La gente lo entiende y acepta este hecho. A la gente se le concede la libertad de elección y pueden hacer lo que les plazca, sin embargo afortunado es aquel que puede llegar a realizar su vocación. Al igual que el brote de pino, si uno elije un lugar o dirección equivocada puede llegar a convertirse en un “árbol indigno”, no importa cuan grande sea su talento.

En su infancia, Morihei deseaba practicar el Kenjutsu (esgrima japonesa), pero sus padres no le dejaron por ser tan enfermizo. Curiosamente, su padre era uno de los hombres más fuertes del pueblo. Era capaz de transportar un palo con una bolsa de 5 galones (aprox. 22 litros) de arroz a cada lado. Podía incluso levantarlo varias veces con sus meñiques. El bisabuelo de Morihei, Kichiemon, era tan fuerte que en una ocasión viajó a Edo como representante de la provincia de Kishu para demostrarle su fuerza al Shogun.

A pesar de su apariencia débil, habiendo heredado tal potencia física, poseía una capacidad innata que le permitiría tener éxito en las artes marciales más adelante. Durante un tiempo, su potencial permaneció oculto.

El primer viaje a Tokio.

En 1901, cuando Morihei tenía 18 años, abandonó su ciudad natal para ir a Tokio por primera vez. Trabajaba en la tienda de un pariente durante el día y por las noches iba a un dojo local para practicar jujutsu. Actualmente apenas se ven dojos urbanos (machi dojo) pero en aquel tiempo había varios.

Morihei encontró muy interesante el jujutsu y le mejoró su físico. El hecho de que Morihei quisiera estudiar kenjutsu desde tan joven es un indicio de su afinidad natural por las artes marciales.

Su entusiasmo inicial para convertirse en un comerciante en Tokio comenzó a desvanecerse a medida que se adentraba en su camino preferido del budo. Sin embargo, aunque visitó muchos dojos durante los meses siguientes ninguno le satisfizo. En ese momento enfermó de beri-beri y no tuvo más remedio que retornar a Tanabe, su ciudad natal, tras menos de un año.

El beri-beri es una enfermedad extraña que parece remitir cuando uno vuelve a casa, y así ocurrió con Morihei que se recuperó rápidamente cuando comenzó a beber el agua de su ciudad natal y a pasear por sus tierras. No obstante, no tenía prisa por volver a Tokio.

De vuelta en Tanabe ayudó a sus padres en la granja, yendo a pescar con los pescadores locales, actuando como un consejero para una asociación de jóvenes y puso en marcha muchas otras actividades. Era muy respetado por las personas y continuó entrenándose para hacerse más fuerte físicamente. Solamente medía cinco pies con pulgada y media (156 cm) y sin embargo pesaba 183 libras (83 Kg.). Sus antepasados paternos eran todos muy fuertes y Morihei no lo era menos que su bisabuelo, Kichiemon. Así pues, se puede decir que no desmereció su dotación genética.

Morihei era llamado a menudo para ejercer de árbitro de las disputas entre los pescadores y en los desacuerdos corrientes sobre la propiedad y asuntos parecidos. Era como si nada pudiera ser zanjado sin él, pero no era el tipo de persona que estuviera contento con la rutina diaria.

Durante su corta estancia en Tokio se había inscrito en la escuela de la Kito-ryu jujutsu (actualmente Tenjin Shinyo-ryu jujutsu) de Tokusaburo Tozawa. Debía tener una afición fuerte y natural por las artes marciales, ya que más tarde se afiliaría a la escuela Yagyu-ryu de Masakatsu Nakai en la ciudad de Sakai City, próxima a Osaka. A pesar de su pequeña estatura, era bastante hábil y llegó a ser bastante conocido en la zona

El soldado destacado

En aquel tiempo Japón se encontraba en un estado de emergencia que conduciría al estallido de la guerra ruso-japonesa. Cuando Morihei cumplió 21 años, podía ser reclutado para realizar el servicio militar y le realizaron un reconocimiento muy estricto, que requería una estatura mínima de cinco pies con dos pulgadas y media (159 cm), y un peso corporal proporcional. Él era más pesado que la media, pero estaba ligeramente por debajo de los requisitos de la talla y aunque deseaba fervientemente servir a su país en aquel momento crítico, no pudo engañar a los examinadores. Sin embargo, se necesitaban desesperadamente hombres fuertes y finalmente le permitieron alistarse en 61 Regimiento de Infantería de Wakayama.

Fue en 1903 cuando las nubes oscuras de la Guerra aparecieron sobre los cielos de Manchuria.

El entrenamiento militar en aquellos días era extremadamente severo. Tanto el estudio académico como el ejercicio físico eran muy arduos, por no mencionar los ejercicios de combate que se parecían mucho a la guerra real y que serían difíciles de imaginar hoy en día. Los soldados a veces tenían que correr de 20 a 40 kilómetros con su pesado equipamiento, y correr de 8 a 12 kilómetros era lo normal. Por supuesto, tan severo entrenamiento daba como resultado muchos marginados. Cuando el entrenamiento era especialmente intenso Morihei podía llevar los equipos de los menos fuertes para permitirles continuar. Posteriormente él haría muchas veces lo mismo bajo el fuego real en Manchuria.

Las limitaciones de espacio no me permiten describir la vida de Morihei durante la guerra, pero tras la finalización de la guerra el 61 Regimiento fue apostado por un tiempo en Hamadera, Osaka. Durante este periodo, Morihei visitó el Nakai Dojo en Sakai en sus días libres, y practicó esgrima Yagyu-ryu, de una manera que no le había sido posible hacer ya que se había alistado en el ejército. Tras abandonar el ejército en julio de 1908 recibió un certificado de mekyo kaiden de este dojo, cosa difícil para las personas normales.

En aquel tiempo, las personas de muchas artes marciales estaban asociados con el Nakai Dojo. Antes de la Restauración Meiji, la Yagyu-ryu no aceptó personas procedentes de la población general, cuando abrieron sus puertas muchos buscaron esta escuela, incluyendo a Jigoro Kano, fundador del Kodokan Judo, y Chubei Yokoyama, un famoso profesor de naginata.

Volviendo a nuestra narración, cuando Morihei finalizó su servicio militar fue instado por sus oficiales de alto rango a continuar en una academia militar. Uno puede imaginar lo excepcional que fue como soldado y lo útil que resultó en los campos de batalla del sur de Manchuria, sabiendo que incluso tras completar su servicio el jefe de su último regimiento le pidió de manera continuada que se inscribiera en la academia y llevara una vida militar.

Esta es una época en el que los militares recibían un trato excepcional debido a las victorias en las guerras ruso-japonesas y chino-japonesas. ¿Por qué Morihei rechazó tales recomendaciones tan entusiastas? Parece raro para un joven tan enérgico el acostumbrarse a una vida normal con su familia, pero Tanabe, su ciudad, iba a proporcionarle el entorno ideal en el que entrenar su espíritu.

Morihei desarrolló una fiebre, cuya causa nunca se esclareció. Pudo haber sido debida al repentino retorno a un lugar tranquilo tras haber trabajado el doble que otros soldados, o a alguna clase de enfermedad endémica que se trajo del continente. No había más síntomas que la fiebre, de la que pronto se repuso, pero que permaneció con él de manera intermitente incluso hasta los 70 u 80 años.

Cuando volvió por primera vez de Tokio, acostumbraba a pasear descalzo en las colinas próximas, ya que le habían dicho que esto ayudaría a curar su beri-beri, lo que aparentemente ocurrió. Aún así, el continuó con este tipo de entrenamiento.

Estos paseos no eran como uno puede imaginar un paseo corriente por la montaña, ya que Morihei se dedicaba a algunas prácticas algo extrañas. Tras recuperar su salud iba a las montañas con una tartera con la comida y entrenaba en un entorno natural, a menudo haciendo noche. Cortaba árboles con la espada, golpeaba, pateaba, etcétera, mientras se dedicaba a una práctica realmente violenta. Un vecino que casualmente pasó y vio lo que Morihei estaba haciendo volvió a la ciudad a informar de que había “un duende” en las montañas. Esto era comprensible, ya que Morihei solía llevar el pelo largo, y debía gritar mientras saltaba por doquier balanceando un sable en aquellas zonas remotas. No es sorprendente que pensaran que era un loco o un tengu (un duende de nariz larga de la mitología japonesa). Aunque realizaba este entrenamiento por iniciativa propia era más intenso de lo que cualquiera puede imaginar. A veces se internaba profundamente en las montañas durante periodos de 21 días y entrenaba bajo las cascadas. También iba a la playa para entrenarse luchando contra vientos fuertes y olas violentas, siempre dedicándose a entrenamientos severos mientras se encontraba en medio de la naturaleza.



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