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lunes, enero 14, 2008

El moscardón y el maestro.

El calor del verano era sofocante y el sudor corría por la frente del samurai. En el engawa del dojo unas pequeñas campanillas furin pendían de la entrada. Ni siquiera una ligera brisa les arrancaba el mas mínimo sonido.
El hombre descalzó sus zoris y subió al entarimado de madera de la entrada, saludo con una reverencia al primogénito del maestro de kenjutsu a cuya lección del día pretendía asistir.
La fama de este maestro era conocida en varias provincias aunque se decía que la edad y la enfermedad estaban minando lentamente la salud del anciano. Pronto su hijo heredaría la escuela y enseñaría en su lugar.
El samurai, afiliado a un clan y experto también en el manejo de la katana y en las técnicas de combate de su propio ryu, tenia permiso expreso de su señor para recorrer el país como lo hacían otros muchos samurais y ronin en estos tiempos de relativa paz después que los Tokugawa asumieran la dirección del país.
Los alumnos se sentaban en seiza, alineados a lo largo de la pared, en actitud concentrada y respetuosa, esperando la entrada del maestro. El samurai fue conducido por el primogénito hasta el lugar de honor y ambos tomaron asiento, plegando con cuidado sus hakamas. Casi enseguida sus semblantes se volvieron inexpresivos, mirando al frente y entrando en un estado de meditación y recogimiento.
En el silencio del lugar se oía como un trueno, por encima del lejano rumor de las semi eternamente presentes en el verano, el zumbido de un moscardón que vagaba de un lado a otro, posándose donde se le antojaba.
Un instante después el anciano maestro hizo su entrada deslizando muy suavemente sus pies sobre la pulida madera. Después de los saludos rituales, su figura erguida en el centro de la sala era la imagen perfecta del guerrero a punto de comenzar un combate, ese estado de calma, de vacío, de presencia en el instante y a la vez distancia y desapego, característico de los practicantes formados en la Vía.
El maestro desenvaino su katana y en un solo movimiento, continuo, sin interrupciones ni cambios de ritmo perceptibles, trazo dos tajos perfectos en el aire que habrían sido suficientes para terminar con la vida de un enemigo imaginario. La kata continuo.
El silbido producido por la hoja de la espada, similar al de un junco agitado en el aire, pero infinitamente mortal en su sencillez. El tenue deslizar de los pies. el ruido seco de las ropas. Eran los únicos sonidos que se escuchaban. Pero no, también estaba el del dichoso moscardón que había tomado obcecado interés en el maestro y estaba posándose en una de sus manos, justo en uno de los momentos de mayor tensión interior...
El maestro, impasible, continuo la kata, aparentemente ajeno a la tozudez del insecto. Pero al finalizar uno de los giros, cambio el movimiento y lanzo un tajo hacia la pequeña figura negra que escapo milagrosamente.
El samurai tomo nota del hecho, la hoja había pasado muy cerca pero si la intención era lucirse cortando en el aire al moscardón, el maestro había fallado en su intento.
Cuando al fin el maestro desapareció por una puerta situada al final de la sala, los alumnos levantaron sus frentes del suelo y salieron en silencio, preparándose para una sesión de entrenamiento.
El samurai se acerco al hijo del maestro y comento en voz baja:
- Es una lastima que el maestro se haga anciano y pierda el pulso que le ha hecho legendario en todo Japón.
- ¿Por que lo dices? - contesto el primoogénito.
- Porque al lanzar ese tajo al moscardónn no ha conseguido alcanzarle, quizás por milímetros, pero se le ha escapado.
El otro hombre sonrió.
- Cierto, ha escapado vivo. Pero no te eequivoques... ya no podrá tener descendencia....

martes, junio 05, 2007

La atención mejora con la Meditación

http://www.lanacion.com.ar/cienciasalud/nota.asp?nota_id=907011

Reúnen pruebas experimentales

NUEVA YORK (The New York Times ).- En la meditación, las personas se sientan tranquilamente y se concentran en su respiración. A medida que el aire les pasa por la nariz, prestan atención a cada sensación. A medida que pensamientos indeseados acuden a su mente, los dejan ir. Respiran. Dejan ir. Respiran. Dejan ir.

De acuerdo con un estudio publicado ayer en la edición electrónica de la revista PloS Biology , tres meses de riguroso entrenamiento en este tipo de meditación conducen a un profundo cambio en cómo el cerebro adjudica la atención.

Parece ser que la capacidad de liberar los pensamientos que surgen en la mente libera al cerebro para prestar atención a cosas rápidamente cambiantes y a acontecimientos que suceden en el mundo que nos rodea, afirmó el principal autor del trabajo, Richard Davidson, profesor de psicología y psiquiatría de la Universidad de Wisconsin en Madison. Los meditadores expertos, dijo, son mejores que otras personas para detectar esos estímulos en rápido cambio, como las expresiones faciales.

Ron Mangun, director del Centro para la Mente y el Cerebro, de la Universidad de California en Davis, que no estuvo involucrado en el estudio, evaluó el trabajo como "excitante".

"Ofrece evidencia neurocientífica que explica cambios en los mecanismos del cerebro a través del entrenamiento -afirmó-. Sabemos que podemos aprender y mejorar nuestras capacidades de todo tipo a través de la práctica. Pero demostrarlo en el contexto de la meditación es interesante y novedoso."

Investigaciones recientes mostraron que la meditación es buena para el cerebro. Parece aumentar la materia gris, mejorar el sistema inmunológico, reducir el estrés y promover una sensación de bienestar. Pero Davidson dijo que éste fue el primer estudio que analiza de qué modo la meditación afecta la atención.

En el experimento, un grupo de voluntarios meditó entre 10 y 12 horas diarias durante tres meses, mientras el grupo de control hacía lo mismo durante 20 minutos diarios.

Los registros electroencefalográficos indicaron que, cuando se les mostraban rápidamente dos números, los meditadores menos experimentados tendían a ver el primero y no el segundo; en cambio, los más experimentados veían ambos. Se pensaba que ese efecto del cerebro era una propiedad del sistema nervioso, pero este estudio muestra que se puede cambiar con la práctica.

domingo, noviembre 26, 2006

Zen



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